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La cura siniestra
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Calificacion 5.7
Género:

Intriga/ Terror/ Thriller

País: Estados Unidos
Duración: 146 min.
Año: 2017
Director: Gore Verbinski
Reparto:
Dane DeHaan, Jason Isaacs, Mia Goth, Susanne Wuest, Celia Imrie, Lisa Banes, Adrian Schiller, Ivo Nandi, Natalia Bobrich, Johannes Krisch, Jason Babinsky, Judith Hoersch, Jeff Burrell, Eric Todd, Godehard Giese, Craig Wroe

La cura siniestra

A Cure for Wellness
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Un joven y ambicioso ejecutivo de empresa (Dane DeHaan) es enviado para traer de vuelta al CEO de su compañía, que se encuentra en un idílico pero misterioso «centro de bienestar», situado en un lugar remoto de los Alpes suizos. El joven pronto sospecha que los tratamientos milagrosos del centro no son lo que parecen. Cuando empieza a desentrañar sus terribles secretos, su cordura será puesta a prueba, pues de repente se encontrará diagnosticado con la misma y curiosa enfermedad que mantiene allí a todos los huéspedes, deseosos de encontrar una cura.  La cura siniestra

Critica:

En el inicio, una nana infantil resuena entre imponentes edificios de oficinas, a modo de réquiem por los pobres trabajadores que siguen delante del ordenador, ajenos al sueño y los horarios naturales.
Una colección de empleados del mes cuelga de la pared recordando a los que sacrificaron todo por la última negociación, negándose el último suspiro, como homenajes sonrientes de una felicidad nunca disfrutada.
Y somos testigos del derrumbamiento existencial del trabajador común, que yace en el infinito cementerio de pantallas iridiscentes que ha sido su único hogar.

Después de eso habrá gente que diga que esta película no cuenta nada, claro que no, pero permítanme recomendar un diagnóstico: váyanse a la mierda, críticos mediocres y espectadores con déficit de atención.

Con ‘La Cura del Bienestar’ Gore Verbinski se ha enfrentado al mismo panorama ranciete que está dejando la falta de cultura y el ansia de inmediatez: ha señalado a la luna, y muchos tontos se han quejado de que solo ven el dedo.
«El misterio es una mierda»; como si a Verbinski le importara una conclusión normalita, y no un viaje increíble.
«¡No da miedo!»; como si fuera culpa de Verbinski que a muchísimos espectadores se les haya fundido el gusto por la atmósfera y la sugestión.
«Es que me da asco, y no la entiendo»; a muchos se les van a freír las neuronas por unir dos puntos argumentales sin un montaje que se lo dé mascadito, mientras se desmayan porque no encuentran el mismo gore «light» que prolifera en el género.
Gore Verbinski ha querido incomodarnos, mandarnos sin billete de vuelta a un viaje jodido, recordarnos una sensación de locura y espanto con algo nunca visto… pero meh, demasiado darle a la neurona (que encima tampoco es tanto), vamos a encumbrar el enésimo remake precuela reboot de 200 millones que no nos haga pensar demasiado.

Para los que lo quieran y busquen, allá que ha concebido Verbinski este milagro: una película con cierta ambición de medios, rodada como dios, que no pide disculpas por asquearte o provocarte, y que, mientras juguetea con la serie B, no tiene ningún problema en hablar seriamente de esa enfermedad que a todos nos aqueja.
Una enfermedad que el joven oficinista Lockhart empieza a advertir, cuando lee la carta de su jefe Pembroke enviada desde un asilo en los alpes suizos, en donde dice que «la mente se engaña, mientras el cuerpo dice basta».
Un sentimiento demasiado familiar en su vida dedicada a su carrera en alza, reconocido también en las pétreas caras de sus elegantes y manipuladores jefes, e incrustado en el mismo corazón de una sociedad dedicada al beneficio más inmediato que puedan obtener.

Pero todo eso está ausente en el asilo al que va a buscar a su jefe.
Allí flota un sentimiento de paz senil, entre ricos trabajadores que han adoptado el pijama perpetuo y el olvido del mundo exterior. El agua, símbolo de pureza y limpieza, domina el ambiente como la medicina oficial para las dolencias del espíritu.
Todos estamos enfermos, y lo notamos, pero allí se permite ser felices.
No hay un vuelo que coger, no hay una reunión que adelantar: el infernal ritmo de vida contemporáneo se detiene en los muros erigidos por un marqués visionario, que han elegido sostener médicos intachables como el Doctor Volmer.

Verbinski no juega demasiado al despiste: algo no cuadra en ese ambiente idílico.
El personal médico no podría estirar más el gesto en una mueca de falsa amabilidad, mientras se acumulan los misterios a plena vista, apenas señalados por una figura misteriosa al fondo de una sauna nublada o ruiditos insistentes que mordisquean nuestros nervios como zumbido de mosquito.
El aséptico ambiente de hospital busca tranquilizarnos, pero la aterradora colección de barbaridades que presenciamos nos recuerda nuestra enfermedad: abortos animales, dientes taladrados, gastados cuerpos ancianos, perversiones masturbatorias… casi empezamos a creer al Doctor Volmer, cuando recalca que somos pacientes, que no estamos bien, que necesitamos la milagrosa cura.

Este mundo enfermo no nos dejará parar de pedirla.
Y Lockhart, joven paciente de avanzados síntomas, se da cuenta de que esa es la razón por la que avejentados poderosos renuncian a extensos imperios: porque, por mucho pisoteo progresivo y corporativo, nunca podrán quitarse el recuerdo de sus vidas sin sentido ni rumbo.
Si en el sanatorio eso no existe, ¿por qué alguien querría abandonarlo?

Bravo por Gore Verbinski, por su poca vergüenza para mezclar influencias, y por su mucha maestría para convertirlas en una fascinante inmersión a la oscuridad de nuestra pérdida espiritual.
Porque estoy enfermo de películas que saben a lo mismo, que me dan lo de siempre y ni se molestan en ocultarlo.
Y, por esta vez, he sentido que me han curado.