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Amores caníbales
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Calificacion 4.9
Género:

Ciencia ficcion/ Drama/ Thriller

País: Estados Unidos
Duración: 119 min.
Año: 2016
Director: Ana Lily Amirpour
Reparto:
Suki Waterhouse, Keanu Reeves, Jason Momoa, Jim Carrey, Giovanni Ribisi, Diego Luna, Emily O'Brien, Jayda Fink, Rae Sunshine Lee, Alina Aliluykina, Cory Roberts, Yolonda Ross, Dakota Black, Almayvonne Dixon, Ashleigh Biller, Irene Guindal, Allison Gordon, E.R. Ruiz, Jayne Trcka, Stephanie Nauli

Amores caníbales

The Bad Batch
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Desterrada a un páramo de indeseables, una joven trata de salir adelante entre la comunidad del desierto, asolada por las drogas, y un enclave de caníbales.Amores caníbales

Critica:

Abandonamos la protección de los todopoderosos Estados Unidos al principio del relato.
Un cartel fronterizo avisa que más allá estamos solos, sin jurisdicción norteamericana que nos ampare, expuestos a toda la escoria indeseable que no ha tenido la suerte de ser acogida en el antaño país de inmigrantes.
El comentario social es obvio, pero sutil, y convierte esto en una interesante parábola sobre algún futuro que nos podría estar esperando.

Arlen ha salido de un recinto penitenciario al ardiente sol, marcada ya como parte de la «mala remesa» que reza el título.
Desheredados del polvo y la arena, olvidados maleantes que se entregan a la ociosidad y a la indolencia. Caníbales también caben en esa sociedad del desierto, pues la supervivencia no perdona a nadie.
Arlen, tras un horrible encontronazo con ellos, llega a Comfort siendo una triste muñeca rota, una «gringa», como no paran de apuntar despectivamente sus multiculturales habitantes, liberada físicamente y metafóricamente de ese «MIEDO» tatuado en su brazo derecho, que probablemente la paralizaba más que la ayudaba a sobrevivir.
Pero la gran diferencia es que, donde otros ya habrían aceptado su minusvalía, ella todavía echa de menos un físico bonito, como el de aquellas chicas de revistas de las que nadie guarda ya recuerdo.

El apocalipsis que propone Ana Lily Amirpour guarda una curiosa diferencia con otros: parece la eterna mañana siguiente a una fiesta, donde todos están demasiado resacosos para poder buscarle sentido a nada. Las emociones intensas han quedado desterradas, y las únicas que hay (súplicas y lamentos) son violentamente silenciadas.
Aquí no hay trepidantes persecuciones entre humanos, tampoco facciones enfrentadas por recursos, ni siquiera criaturas que amenacen ninguna supervivencia; esto va más allá, después de todo eso.
Solo hay plásticos arrastrados por las tormentas de arena, señales que apuntan a ninguna parte, gente revolcándose satisfecha en un sistema fallido que les dió la espalda. Al principio hemos visto un letrero que ponía «Find Comfort» y lo hemos tomado como broma cruel en un paisaje árido, pero ahora vemos que ese «comfort» existe, y se asemeja más a un piadoso olvido de la miseria circundante que a una verdadera comodidad.

Arlen se hunde en ese limbo balsámico, drogada por sueños de belleza y descontrol que la aturden, hasta que se encuentra con Miami Man, un extraño caníbal artista, con sensibilidad para el boceto y aparente rudeza para todo lo demás (Jason Momoa en su enésima contención actoral… que por una vez parece salirle bien).
Es entonces cuando se revela que lo que realmente quería Amirpour no era filmar una distopía o una crítica… sino una historia de amor en el lugar menos indicado para ello.
Miami Man llega a Arlen buscando a su niña querida, y ella, por primera vez, siente una emoción verdadera en el pozo de apariencias en el que está, algo que alguien está haciendo por aprecio, no por venganza o hambre. Algo que apenas había vislumbrado en la figura del misterioso Ermitaño benefactor que ronda por las arenas (un curiosísimo Jim Carrey pasando de todo y aportando muchísimo).
Una cosa inesperada y apenas sentida, que pide ser experimentada aunque sea extraña: «¡la única cosa que no debes olvidar! ¡la que solo tú sabes!» le decía el tonto del pueblo a Arlen.

La conversación que tiene con Sueño, el venerado «gobernador» de Comfort (y excelentísimo Keanu Reeves), gana fuerza a la luz de ese sentimiento: le cuenta que un jardín cuidará de ti si tú cuidas de él; y por eso él ha creado ese erial de sociedad en la que todos los brotes que germinan malamente rinden pleitesía a su nombre. Solo hay que cuidarse de ocultar la mierda y la gente se manchará gustosamente con ella, algo no muy diferente de muchos líderes mundiales actuales.
Arlen se da cuenta de que quiere su propio jardín. Aún más, uno bueno, en el que no haya brotes sobrantes que se parasitan a si mismos adorando algo sin valor.
Y de repente, los carteles al fondo del plano («Esto no es real» «¿A qué estás esperando?») cobran más sentido que nunca.

Hay que decirlo, a Ana Lily Amirpour le pierden los planos atractivos e irónicos, carne de Tumblr, como en su opera prima.
Pero, como en su opera prima, existe una sensibilidad sencilla y profunda, que da alas a un relato que no parecía gran cosa.

Hemos visto una mala remesa, sí.
Pero, por suerte, el total nunca es reflejo de lo individual.