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Animales nocturnos
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Calificacion 7.1
Género:

Drama/ Thriller

País: Estados Unidos
Duración: 115 min.
Año: 2016
Director: Tom Ford
Reparto:
Amy Adams, Jake Gyllenhaal, Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson, Armie Hammer, Isla Fisher, Michael Sheen, Laura Linney, Kristin Bauer van Straten, Karl Glusman, Ellie Bamber, Toni French, Amanda Fields, Karli Karissa, Carson Nicely, Lee Benton, Imogen Waterhouse, Jena Malone

Animales nocturnos

Nocturnal Animals
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Susan Morrow (Amy Adams) es una galerista afincada en Los Ángeles que comparte una vida llena de lujos, aunque vacía, con Hutton Morrow (Armie Hammer), su segundo marido. Un día Susan recibe una novela escrita por su exmarido Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal), del que lleva años sin tener noticias. En una nota le pide que lea la novela inédita y que se ponga en contacto con él, pues se quedará unos días en la ciudad. Es de noche. Susan, sola en la cama, empieza a leer, y es la historia de un matrimonio con una hija que conduciendo por Texas una noche son perseguidos por otro vehículo… Animales nocturnos

Critica:

Una retahíla de imágenes desconcertantes abren ‘Animales Nocturnos’.
Mujeres fofas, carnes colgantes, estética grotesca, sin sentido ninguno.
Poco a poco, entendemos que estamos en una galería de arte, y que ha tenido lugar una exposición. Que una mujer llamada Susan la ha dirigido, y el espectador observador podrá comprobar que no parece muy satisfecha con dicho arte.
Juntamos piezas, poco a poco. Porque esta historia es un continuo juntar piezas, y mejor empezar desde el principio.

Cuando Susan vuelve a casa, encuentra un manuscrito esperándola, un libro recientemente escrito de su ex-marido Edward. La naturaleza inquietante de mandar algo así después de tanto tiempo queda patente, tan solo por la herida que se hace Susan con el sobre: una superficial, poca cosa, lo menos que ese relato puede hacer.
Será tras pasar una sutilmente decepcionante velada en casa de unos amigos cuando por fin se ponga a leer. Aunque antes de que ocurra, un amigo la avisa: «no deberías estar tan cansada de todo. Al fin y al cabo, estas tonterías de las que nos rodeamos son mucho, mucho mejores que la dolorosa vida de ahí fuera».
Un consejo que sirve como sutil invitación a comprobar, de verdad, que hay en esa «dolorosa vida», y si le puede ofrecer algo diferente a un marido ausente y una casa demasiado vacía.
Nada mejor para ello que la carta en forma de libro que te ha escrito un antiguo amor abandonado.

La historia del libro nos atrapa tanto como a Susan: como si fuera una tenue pesadilla, de bordes opacos e irreales, asistimos a la desesperada situación de un hombre con mujer e hija, y lo que nos sobrecoge no es tanto la historia como la cercanía. Esto que estamos viviendo, sufriendo, temiendo, (llegado a un punto, ya no leemos) le podría pasar a cualquiera.
A su vez, se intercalan conversaciones del pasado de Susan, con un hombre al que apenas estamos conociendo a partir de lo que escribe. De repente entendemos que el dolor de lo que leemos no surgió de la nada: es el manifiesto de algo que «se podría haber perdido de no estar escrito», como mencionó Edward alguna vez.

‘Animales Nocturnos’ habla de la creación artística en su esencia, y del efecto que nos produce, pero también del duro sacrificio que exige.
Tus palabras nunca serán dolorosas si nunca has sufrido dolor. Los sentimientos de tu lector nunca serán manipulados si no sabes, exactamente, como manipularon los tuyos. Y el precio a pagar por eso es algo horrible, que transforma al romántico soñador (aquel que empieza) en un alma profunda y oscura.
Todos escribimos de nosotros, todos elegimos si creamos o tan solo apreciamos las creaciones.
Y es algo que pasa, y pasará siempre, que la distancia entre los que observan algo y los que lo moldean está solo a una lágrima de más.

Entre Edward y Susan se establece una relación a partir de una creación, una forma de arte tan sencilla como un libro, y es una relación tan profunda que infecta todos los aspectos de su vida.
De repente, Susan experimenta un lado de Edward que nunca vió, porque ella estaba demasiado ocupada controlando, apreciando, no creando.
Los motivos de la historia y sus imágenes se entremezclan con su realidad cotidiana (el director hasta nos lanza guiños comparando un lecho sensual con un desolador asesinato, como si dijera que ambas cosas no están tan alejadas), y Susan se da cuenta del mundo que estuvo ignorando.
La «dolorosa vida» qué estuvo evitando. La que vivió Edward en su tiempo juntos, la que perdida en sus lujos nunca alcanzaba a ver.
Ese es el maravilloso (y terrible) regalo del artista: te doy mis ojos, tú verás si puedes soportarlo.

Para cuando alcancemos el final no hará falta decir nada, porque hemos estado tan cerca de la historia del libro como para compartir cada latido de su agonía. Nos ha cambiado tanto como a Susan: los motivos del pasado se adivinan entre los pliegues de la narración.
Y las palabras parecen banales, carecen de adjetivos, para expresar el vacío inmenso que deja un romántico soñador, cuando ha perdido los sueños y no cree en el romance.

«Si amas a una mujer, y la pierdes, conviértela en literatura».
O convierte la literatura de esa mujer en tu único testimonio de amor y pérdida.