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El legado del Diablo
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Calificacion 6.6
Género:

Terror

País: Estados Unidos
Duración: 126 min.
Año: 2018
Director: Ari Aster
Reparto:
Toni Collette, Gabriel Byrne, Alex Wolff, Milly Shapiro, Ann Dowd

El legado del Diablo

Hereditary
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Cosas extrañas comienzan a suceder en casa de los Graham tras la muerte de la abuela y matriarca, que deja en herencia su casa a su hija Annie. Annie Graham, una galerista casada y con dos hijos, no tuvo una infancia demasiado feliz junto a su madre, y cree que la muerte de ésta puede hacer que pase página. Pero todo se complica cuando su hija menor comienza a ver figuras fantasmales, que también empiezan a aparecer ante su hermano. El legado del Diablo

Critica:

Tras 15 minutos de Hereditary, vistos a las tantas de la madrugada, solo en casa… me sentí como un niño que retornaba a sus miedos más primarios. Tuve que parar, lo juro. ¿Algunos dicen que esta película no da miedo? ¡Me cago en la hostia! Debo ser yo entonces, que seré muy sensible, porque estaba con las pelotas en la mismísima garganta. El día siguiente me armé de valor y la terminé. Ahora, me dispongo a compartir mi opinión sobre Hereditary más una explicación del polémico final para todos aquellos que, como yo, se hallaron algo perdidos tras llegar a él por primera vez.

La factura de Hereditary es impecable. Si hay algo que destaca en la película, es su inmensa dirección (y las actuaciones también, pero de eso hablaremos más tarde). Cada secuencia está filmada con la agobiante intención de crear una atmósfera densa y asfixiante en la claustrofóbica casa. El director utiliza a veces utiliza planos amplios para que el espectador pueda ver la totalidad de una sala, y justo después decide cortar a un plano íntimo donde no podemos ver qué hay detrás. Como el demonio que es, coloca elementos escondidos a plena vista. No te los señala, pero están ahí. Quizás te des cuenta, o quizás no; pero en el caso de que te percates, no podrás dejar de sobreanalizar cada nueva imagen en una desesperada búsqueda de cosas fuera de lugar, aumentando más aún el suspense y la inquietud. Los movimientos de cámara están realizados con una precisión suiza. Saben qué enseñarte y qué no, con el fin de que nunca sepas por dónde va a venir lo siguiente. Ari Aster se ha confirmado como un meastro, un auténtico genio que sabe cómo construir expectación. La película es una bomba que va creciendo y creciendo, pero no explota. La tensión nunca se libera. Apenas hay «sustos» baratos que nos permitan relajarnos; en su lugar, hay imágenes duras como un puñetazo a la retina, colocadas con una tranquilidad que crea aún más desasosiego. No se explica qué ocurre realmente, para que no lo puedas comprender nada hasta el final, evitando así que te sientas aliviado durante la experiencia.
El guión mantiene el misterio y la duda de una manera sumamente elegante. Los miembros de la (supuestamente) ordinaria familia son puestos, poco a poco, ante las situaciones más extremas y horribles, quebrando su cordura gradualmente hasta dejarlos en el límite. El descenso a la locura está escrito con gran destreza. Logra que sintamos apego hacia ellos, porque estas desgracias no son sucesos sobrenaturales ni basuras parecidas, sino cosas que nos pueden pasar a cualquiera, cualquier día, sin avisar… y cuando nos sentimos como uno más en la familia, el terror es más cercano.
La historia no está masticada. El espectador debe poner de su parte y unir las piezas desordenadas que se le han ofrecido. En mi caso, al tener que parar el visionado varias veces, me encontré confuso al final. La historia tenía forma en mi cabeza, pero me faltaban detalles. Un segundo visionado (preferible) o una explicación en internet es requerida si te pasa esto.

Las interpretaciones son de 10. Hay un debate sobre si Toni Collette está magistral o sobrevalorada… para mí, no hay discusión: es, muy probablemente, la mejor interpretación en lo que llevamos de año. Todos los matices son perfectamente creíbles en ella, nos transmite sufrimiento e incomprensión con la potencia de una locomotora. Sin su presencia, Hereditary no estaría coja, directamente se hallaría en silla de ruedas… y lo mismo digo para Milly Shapiro y Alex Wolff. Ambos quitan la respiración con sus personajes, pero he de destacar a este último, pues tiene más relevancia y tiempo en pantalla. Dada la dificultad de su papel, podría haber caído en la sobreactuación o en la falta de expresividad, no obstante, encuentra el punto medio perfecto entre las dos. Me quito el sombrero.
La trama de Hereditary puede ser vista de dos formas radicalmente distintas. Aprovecha para jugar con la mente del espectador mediante imágenes o detalles sutiles y ambiguos, desconcertándolo de forma magistral en todo momento… hasta llegar al final.

Los últimos 20 minutos del filme son terror puro, una sucesión macabra e inexplicable de eventos que no te dejan respirar. Un clímax brillante, no apto para cardíacos… y entonces, en la última escena se nos ofrece la ansiada explicación de los hechos. Todo cobra «sentido» y solo uno de los puntos de vista se vuelve correcto, despojando así la otra posible visión(*), que era (desafortunadamente) la más interesante.
No me malinterpretéis: considero que la historia está bien contada y, definitivamente, me dejó descolocado. Mi problema es que ese terror psicológico y esa incertidumbre creada al principio desaparecen, tomando una forma demasiado creíble y típica… una forma que, personalmente, no hallo a la altura del resto de la película. En mi opinión, no hacía falta sacrificar una de las interpretaciones personales más potentes en favor de la otra. Una pizca de ambigüedad habría sido mucho más satisfactoria. Además, lo peor es que se crea una gran incoherencia en el argumento. El pilar más esencial de la película se deja como un producto de la pura casualidad, así que todos los sucesos que son consecuencia directa de este (es decir, la trama completa) no deberían haber ocurrido. Por culpa de esto, Hereditary se queda a las puertas del sobresaliente.